“Espero que quien venga a Casa Terracota la conozca y pregunte todo lo que quiera para solucionar su vivienda o hacer su vivienda rural.”
– Octavio Mendoza Morales

Octavio Mendoza Morales, el hombre de la tierra

Octavio Mendoza Morales es un hombre que se define a través de la tierra. La conexión que tiene con dicho elemento no sólo determina su manera de pensar, sino también actúa como cimiento y materia prima para la que es su obra: Casa Terracota, la cerámica funcional más grande del mundo.

Visto en retrospectiva, fue durante una conversación que sostuvo con una de sus sobrinas, cuando en Octavio Mendoza se encendió la chispa que lo motivó a crear una casa fuera de lo tradicional; una en la que pudieran entretejerse todos los saberes y experiencias que hasta el momento había recogido. Acaso, preguntaba ella, ¿si él era capaz de hacer una figura en cerámica, y le gustaba tanto hacer casas, por qué no pensar en construir una casa en ese mismo material?

Arrancó entonces con el anteproyecto para así trazar la idea. Hoy, 20 años después, el proyecto es una casa que responde no sólo a un llamado de la naturaleza y a las características propias de materiales orgánicos, sino también a estructuras y símbolos que convierten también en una obra de arte.

Escucha esta historia para saber cómo nació Casa Terracota, el proyecto de vida del arquitecto que se entregó por completo a la tierra.

Vengo a Villa de Leyva, no nací aquí, pero vengo desde muy niño, muy pequeño. Yo creo que de días de nacido. Y desde que vengo, sobretodo en esa época infantil y juvenil, el pueblo se conservaba en un estado que podría llamar en ruinas, pero ruinas todavía de pie.

Esas ruinas que fueron construcciones hechas por los europeos que vinieron a América, fundaron esta población y construyeron con los sistemas que habían aprendido de los estados musulmanes, cuando invadieron durante 800 años a España. De ahí se llevaron no sólo el sistema de construcción con adobe, sino la tapia pisada que conocemos, y que luego se derivó en el  bahareque aquí, pero especialmente trajeron y enseñaron a hacer el ladrillo y la teja, que el nativo americano no conocía.

Entonces se fueron construyendo poblaciones de mucho valor arquitectónico con tradición española, y curiosamente los centros de las grandes ciudades fundadas en el siglo XVI, como Bogotá, como Tunja o las poblaciones cercanas a Villa de Leyva, Chiquinquirá y etc., fueron construidas con esos sistemas.

Luego llegó la colonización turística de Villa de Leyva, y aunque el General Rojas Pinilla en el año ’58, ’53, decretó a Villa de Leyva como monumento nacional protegido para que no hubiese esa destrucción, nunca se aplicó la ley. Entonces poco a poco la fueron destruyendo, y actualmente Villa de Leyva tiene poquísimas o no tienen construcciones como las que estoy hablando, que fueron las originales del marco principal de la Plaza Mayor y de algunas manzanas aledañas.

A medida que esta destrucción venía, yo lamentaba muchísimo ver cómo estas casas se venían al suelo para los nuevos propietarios que comenzaron a comprar y a convertirlo en lo que es hoy. Ya no quedan casas campesinas, construidas por ellos con sus pocos medios económicos, que construían con el adobe o con la tierra, utilizando el material que es el propio, que es el que somos. Nosotros somos tierra, agua, necesitamos el aire y también necesitamos el fuego. Pero los cuatro elementos, en crudo. Estamos hablando que son sistemas de construcción que no se cocinan.

Ya con la cercanía de Villa de Leyva a Ráquira que quiere decir pueblo de olleros o pueblo de alfareros, desde tiempos remotísimos, muy remotos, anterior a la colonización española, los habitantes de estas zonas, de estos valles, sobrevivían haciendo piezas de barro, ollas, platos, materas, todo lo que corresponde al tema de alfarería y de una cerámica llamémosla así, porque a la hora de la verdad son pequeñas piezas “terracota”, que quiere decir tierra cocida, pasada por fuego, para que resista al agua y al paso del tiempo .

La tierra nos da el color, la tierra nos da la salud. Dormir o vivir en una casa construida con el elemento tierra en crudo, es mucho más sano que vivir un edificio lleno de hierro en sus entrañas, lleno de hormigón. Está comprobado que para la salud se vive mejor, más sanamente, en una construcción hecha con tierra que con los otros sistemas constructivos, porque no son nuestro elemento.

Dormir en una casa de barro es pleno. La tierra como elemento tiene varias cualidades, como que recoge la energía del sol durante el día, la retiene y la va soltando poco a poco durante la noche. Cuando uno habita en una casa de tierra, si hay frío en el exterior, al entrar uno siente la calidez sin encender chimenea, ni mucho menos. Esa energía que le ha dado a los muros y a las cubiertas en tierra, la va reteniendo y soltando poco a poco. Es térmica y por eso es mucho más sana para uno como ser humano.

Por eso curiosamente los campesinos, sobre todo los Cundiboyacenses, que viven en climas tan fríos como el de Tunja y sus alrededores a los 3000 metros, sus construcciones son de tierra, con pequeñas ventanas y escasamente una puerta. Esta es la forma de protegerse, y al entrar se sienten cálidos.

Cuando uno construye como arquitecto una vivienda o cualquier tipo de construcción arquitectónica, pues curiosamente necesita miles o millones de pequeños ladrillos, o adobes, o barro, para poder levantar una construcción.

¿Pero qué es en el fondo un ladrillo? Es un bloquecito que tiene una medida que la mano humana puede manejar, entre los 7 centímetros de espesor por 12 o 24 de largo, diferentes medidas, para que con una mano o las dos manos, la pueda manejar, colocar y levantar la construcción que está tratando de hacer. Ese es el origen del ladrillo.

En el fondo Casa Terracota es lo mismo. Es tierra cocida, como lo dice “terracota”, está en el idioma universal es Terracota, que quiere decir tierra cocida. Entonces, es una construcción hecha con las manos con herramientas agrícola como baldes, picas, carretillas y la mano del hombre. Que poco a poco se van levantando, y luego, como sucede con los castillos de arena cuando niños, se cocina para que no venga el agua o el cambio climático y lo destruya. Entonces esa tierra cocina es suficientemente resistente para sostenerse en el tiempo como lo es un pequeño ladrillo.

La gran mayoría de la gente confunde las cosas porque, primero, la casa no se cocinó con el sol. La casa fue cocida con carbón “coque”, para no utilizar la madera ni mucho menos. Se incendió o se quemó como una pieza de alfarería. El sol lo único que hizo fue secar las diferentes capas de tierra cruda que fueron colocándose poco a poco, y que fueron secándose con la ayuda del sol y del viento, del aire.

Esta casa estuvo ardiendo, o ha ardido durante su cocción, por temporadas larguísimas. Cuando se incendia parte como una habitación, son treinta días hirviendo y treinta días enfriando. Entonces lo mejor que le podría pasar a la Casa Terracota es que se incendiara, porque eso le daría mayor resistencia. Mientras más la quemen, más resistencia adquiere.

Los muros en su interior, como son tan gruesos, el calor no penetra más de 7 u 8 centímetros máximo.  Si uno escarba Casa Terracota, es un sánduche por lado y lado cocido, y por el interior es tierra cruda, porque el fuego no llego allá.

La casa fue hecha para habitarla. Yo la quería vivir. Primero fue un amigo mío pero se aburrió, y yo la quería vivir. Como comenzó a llamar la atención y este municipio se volvió turístico, era demasiado difícil habitarla, porque se encontraba uno con personas que entraban a conocerla sin permiso, y terminaba uno cuando iba para el baño a ducharse, encontrándose con un tropel de visitantes que querían entrar.

Entonces poco a poco fue ella misma cambiando de vivienda a un atractivo turístico. Donde estamos ahorita, que yo la llamo “La casa del artista”, es una mínima casa que construí para aislarme de esas visitas y poder sentarme a conversar.

Nos han enseñado a los profesionales como yo que soy arquitecto, que hay una normatividad que viene de hace mucho tiempo atrás. Las universidades que gradúan profesionales dedicados a la construcción que curiosamente no conocen, ni saben calcular, ni saben construir con ese tipo de sistemas que nos heredaron esos ancestros indígenas o antiguos visitantes europeos que llegaron y nos trajeron esa tecnología.

Es muy raro que hoy día el ingeniero o el arquitecto se dedique a construir con tierra. Son pocos, somos pocos relativamente. En Francia hay muchos y hay un centro experimental dedicado a eso.

El África negra es prácticamente construida con tierra cruda; las penínsulas arábicas y el norte oriental de África como Yemen y estas repúblicas, para protegerse en algunos casos, han incendiado viviendas para que no se caigan.

Yo diría que ya lo otro es un aporte mío, después de todas esas experiencias construyendo muchas viviendas para encargo de algunas personas que creen y confían en este tipo de sistemas. Casa Terracota es una evolución entre esa tapia pisada cruda, ya cocida.

Desde niño, la casa de mi abuela por ejemplo que existe todavía, está construida con adobe en crudo. Es un sistema magnífico porque antiguamente no había llegado el cemento  porque es un producto con cal, es un producto poco ecológico, muy costoso y muy contaminante.

En las ciudades que producen cemento sus habitantes por lo general mueren de cáncer, porque viven absorbiendo partículas de ese proceso. De cal, especialmente, que les daña el sistema respiratorio y terminan muriendo. Esos materiales se siguen usando y ahí encontramos el hormigón armado que viene de la combinación con el hierro y el cemento Portland, con algo de cal que va en la gravilla o en la piedra, que se convierte en otro sistema constructivo que es el de concreto. Esas son nuestras ciudades de hoy día.

Pero si vemos poblaciones antiguas o los marcos antiguos de ciudades como Bogotá, toda la Candelaria y el marco principal de la plaza, está construido con tierra cruda en adobe o tapia pisada, y ahí está todavía.

Yo cuando hablo con estudiantes trato de mostrarles esta otra posibilidad que existe para un mundo más amable, que es un mundo más ecológico, más económico, y más amable con el medio ambiente y con uno mismo. Porque la tierra le deja a uno trabajar las cosas mucho más orgánicamente, mucho más artísticamente y hay millones de posibilidades que todavía no hemos descubierto. Falta mucho por hacerse.

La persona que tiene una vena artística, lo vemos en los pintores o en los escultores, o en cualquier artista, lo tiene sin saber por qué. Pero raramente se puede adquirir. Tal vez un crítico de arte puede aprender mucho de historia del arte, puede lanzarse a criticar. Pero el verdadero artista nace.

Aquí tratamos que el proyecto como tal hoy día, Casa Terracota, no sea solo la casa, sino que se convierta en un pequeño centro donde se reciba gente que quiera hablar de un oficio o hablar de arte,  y que se puedan recibir conferencias de temas de la gente que sabe.

También tener un invitado en La Casa del Artista, porque la idea es invitar anualmente a un artista para que a cambio de habitar, conocer y vivir Villa de Leyva, durante un tiempo deje algo de lo que logre hacer en ese periodo.

En la casa siempre hay algo para hacerse. Estamos trabajando la forja, el metal, reciclamos la basura que va a Villa de Leyva, sea vidrio -que en el fondo es tierra- o sea metálico, y la convertimos en una pequeña lámpara, o en un elemento utilitario de otra destinación. Pero siempre hay algo que se está haciendo y seguirá.

Por un lado, que si uno se propone puede lograr lo que uno quiera. Y por otro lado, que habitamos un planeta que está conformado por tantos materiales utilizables que el hombre ha desperdiciado muchas veces y los está acabando a cambio de nada.

La reflexión sería más o menos esa: que el que venga a Casa Terracota la conozca y pregunte lo que quiera para solucionar su vivienda o hacer su vivienda rural, ojalá.

Horarios de visita

Lunes a Domingo
8:30 am a 5:30 pm

Ingreso Casa Terracota

Adultos: COP $15,000
Niños hasta 12 años: COP $8.000

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